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Kratie. En busca de los delfines Irrawaddy

Tras un trayecto por carretera desde Siem Reap, de más de 8 horas, por fin llegamos a Kratié. Nuestra estancia en esta pequeña ciudad al lado del río Mekong, iba a ser corta (tan sólo una noche) pero intensa.

La van nos deja en lo que parece el mercado central, una avalancha de tuktukeros rodea el vehículo al aparcar. La sensación pasa de curiosa a agobiante. Salimos lanzados con la mochila a la espalda, a una calle con menos jaleo. Llegamos al paseo que va bordeando el Mekong, allí no hay nadie que moleste, y nos intentamos ubicar para poder llegar al hotel dónde pasariamos noche, el River Dolphin Hotel.

Este hotel fue un acierto total, la ubicación, un poco alejado del centro, con total tranquilidad, el precio y sobretodo, el trato del personal. El chico de recepción nos fue de grandisima ayuda, y hay que destacarlo. Llegamos al mediodia, la hora justa para coger la cámara e ir a ver los delfines Irrawaddy. El chico nos ofreció un tuk tuk servicio del hotel para realizar la excursión (Mekong + delfines Irrawaddy + subir al Monte Phnom Sambok), nos dejó 30$ (sí sí, nos dejó) porque íbamos cortos de cash y de tiempo para ir a cambiar, para poder pagar luego al barquero que nos llevaría por el Mekong, y para otros gastos que pudieramos tener, y se encargó de buscarnos transporte para al día siguiente ir a Phnom Penh.

Subimos a dejar las mochilas a la habitación, cogemos la cámara y corriendo al tuk tuk, que ya estaba esperando abajo. El trayecto nos sirve para empezar a relajarnos, y sin darnos cuenta, ya estamos bordeando el Mekong. Llegamos a una caseta destartalada, con unos niños correteando y jugando a la pelota alrededor. Allí mismo compramos el ticket, 10$ por cabeza para ir en busca de los delfines Irrawaddy.

En la misma orilla del Mekong nos espera el barquero, un hombre mayor, que no habla nada de inglés, pero muy simpático y que se hace entender. Con la ilusión de un niño, nos subimos a la barca y empezamos a navegar. Se te vienen a la cabeza todos esos momentos que te imaginabas cruzando este legendario río, cuantas aventuras habíamos leído… pues es una realidad, estamos surcando el legendario Mekong!

en barca por el río mekong

Surcando el Mekong en busca de delfines
barquero por el río mekong

Nuestro simpático barquero
vistas del rio mekong

Rodeados de agua y vegetación. Mekong en estado puro.

Impresiona lo grande que es, una vez nos empezamos a adentrar, no se ven las orillas, solo ves agua y pequeños islotes de vegetación. De repente, el motor para, eso significa que ha llegado el momento. Tranquilidad, silencio… pasan unos minutos, nos miramos las caras, aquí no hay nada, hasta que de pronto, entre la corriente del río, se empieza a oir la respiración de los delfines, y el anciano nos señala. Ahí hay uno! Y mira otro! Intentamos sacarles alguna foto, pero parece que estos pequeños cabrones jueguen contigo, asoman la cabeza, y cuando les vas a sacar la foto, para dentro del agua de nuevo 😀 . Tras varios intentos fallidos de sacar una buena instantánea, nos dedicamos a disfrutar del momento, con estos animales únicos y desgraciadamente, en peligro de extinción.

delfines irrawaddy

Pareja de delfines Irrawaddy
delfines irrawaddy

Delfín Irrawaddy saludando con la cola!

No sé cuanto tiempo estuvimos allí, quizás una hora, más o menos, el tiempo se nos pasó volando, moviéndonos de un lado a otro del Mekong, siguiendo delfines Irrawaddy, una experiencia fantástica, de esas que bien justifican un viaje.

yo buscando delfines en el mekong

Buscando el penúltimo Irrawaddy antes de marchar.
Laia en barca

Misión cumplida. Nos vamos bien felices.

Después de esta magnífica vivencia, nos dirigimos al monte Phnom Sambok, un lugar tranquilo y de meditación, con una pagoda en la cima. Tras subir alrededor de 300 escalones, el premio son unas bonitas vistas del Mekong, y un horizonte verde lleno de arrozales. El cielo despejado y una serena puesta de sol, hacen de este momento, un perfecto final para un día que recordaremos siempre.

Monte Phnom Sambok

Entrada a Phnom Sambok
300 escalones hasta la cima

300 escalones hasta la cima
Estatuas budistas e hinduistas orando

Estatuas budistas e hinduistas orando.
en la cima del Phnom Sambok

Tranquilidad en la cima del Phnom Sambok.

Vuelta al hotel, nos dedicamos a descansar y a leer en la terraza, mientras degustamos la gastronomía local y un buen vino. Al día siguiente nos espera otro trayecto en minivan, esta vez, dirección Phnom Penh.

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